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Nace en la ciudad de Concepción, el mes de julio de 1977. Vive toda su formación escolar en el Colegio Notre Dame. Ingeniero Civil Industrial de la Universidad de Chile desde 2002, procura, como tantos otros, congeniar poesía e ingeniería sin morir en el intento. Desde mediados del año 2000 está a cargo de la labor editorial de Ediciones del Temple, tarea que comparte con Federico Eisner S., amigo y hermano de toda la vida. Durante 2002 fue becario del Taller de Poesía de la Fundación Pablo Neruda. CUANTO GROSSO MODO | Si existió dios alguna noche fue para concebir el agua no una concepción simple del agua que cumple un ciclo ni una concepción práctica del agua que sirviera para rellenarlo todo no hachedosó ni aguas termales ni polares si una vez un dios existió una noche tuvo que ser para concebir el agua sobre tu cuerpo quiero decir el milagro carnal y sobrehumano de verte saliendo de una piscina con gotas mordiéndote la piel entera incapaces de aferrase del todo a tus poros con gotas de sol y tus pechos y todo el resto encandilando los sosiegos y los ojos con tu pelo negrísimo mojado con tus ojos más verdes que nunca quiero decir la eternidad de tu cuerpo bajo una ducha tibia el vapor que te rodea más que sugerente tus pequeños pies sobre la tina blanca y yo convertido en un único deseo de humedad quiero decir también tus ojos llorando bajo la lluvia absoluta de un julio cualquiera con gotas de cielo sobre nosotros del cielo que son tus ojos empapándote las mejillas de frío rubor (mi pequeña almita hecha un estropajo) en realidad quiero decir la experiencia única de las gotas de sudor sobre tu piel de un sudor salado y nuestro que desliza de tus montes a tus valles mientras yo me olvido de dios del agua y de la noche. | | III Susurro que habla más que el habla No hay edades que se distingan en el silencio de una conversación a media luz, no hay amistades que se desvirtúen cuando no se dice y casi todo se subentiende. Todas faltan de a una son suficiente no para llenar deseos, sólo vacíos falsamente asexuados, tristemente sinceros. | | Los domingos de antes, cuando parecía que todo se podía terminar de un momento a otro y que nadie se percataría, entre asados familiares y la programación imposible de la televisión, entre ese calor soñoliento de sol de otoño contaminado y los almuerzos forzados de resaca sedienta, los domingos de antes dormido despierto asfixiado pero entre tus brazos, no parecían tan malos, siempre eran o parecían al menos el domingo preciso para que se detuviera el tiempo para que se acabara todo (al fin y al cabo nadie se habría percatado). Estos domingos no son lo mismo, y tu sabes que tienes la culpa, al menos de eso. | de CUANTO GROSSO MODO © Matías Cociña V. ISBN: 956-7802-02-5 Enero de 1999
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